Viaje de Pat Curación

Bienvenidos a mi página sobre el camino hacia la curación. Aunque voy a compartir con ustedes parte de mi camino a la curación, mi camino es nuestro camino. Si bien nuestras historias personales son únicas, tanto las pacientes de cáncer de mama, como las sobrevivientes y sus cuidadores han recorrido senderos similares, han celebrado éxitos similares y se han encontrado con desafíos similares. Lo que sí tenemos en común sobrepasa a lo que no tenemos en común y, sólo por eso, nos fortalecemos y nos potenciamos.

Hay mucho que ganar de nuestra interacción cuando nos reunimos, obviamente somos personas diferentes pero tranquilas y reconfortadas por la idea de que, en lo más profundo de nosotras, nuestros más profundos deseos humanos son los mismos: tener relaciones cariñosas con nuestros cónyuges o parejas, amigos, colegas, familia y familia extendida; una fuerte conexión con nuestra fe espiritual; buena salud física y el propósito de ser, para mencionar unos pocos.

El 10 de abril de 2008, me diagnosticaron cáncer de mama. Como bien supondrán, el diagnóstico sacudió mis cimientos y provocó que casi todos los procesos de la vida diaria se detuvieran abruptamente. En los momentos posteriores al diagnóstico, me recordaron que yo tenía el poder de escoger mi actitud para la forma de manejar la situación.

Mi instinto fue reaccionar como lo hago habitualmente, ver el vaso medio lleno. Tiendo a buscar el lado bueno de las cosas, aún en situaciones difíciles. Pero esta, ESTA era la prueba suprema para una eterna optimista. Tengo fe en que todo sucede por un motivo, sea que obedezca a un plan divino o a una manifestación humana. Desde esa perspectiva, elegí inclinarme hacia esta situación difícil y aprender lo que se suponía que debía aprender.

Todos sabemos que no tenemos el control total sobre los eventos que suceden en nuestra vida. Pero sobre lo que sí TENEMOS control es sobre la forma en que respondemos a esos eventos. Es como un interruptor en nuestra cabeza, podemos optar por ubicarlo en la posición desesperada “oh, pobre de mí” o en la de tomar los limones y hacer una enorme tarta de limón y merengue. Es normal sentir dolor, miedo y tristeza; sentirlos a fondo, aprender la lección y luego seguir adelante. No se queden a vivir en esas tierras.

El cáncer ha pasado de ser un enemigo temido a un catalizador para mi propio crecimiento, un conducto por el que pasé de un nivel de conciencia a otro. Como su anfitriona provisoria, estoy aprendiendo las lecciones y recibiendo la sabiduría que ofrecen. Cumplió con su propósito y ahora le digo un cariñoso adiós, lleno de gratitud y luz.

Mientras anduve por este camino, tuve la bendición de contar con increíbles familiares y amigos. Ellos fueron mis ángeles. ¿Cómo empezar a agradecerles el enorme amor y apoyo en un momento en que lo único que uno ha hecho es recibir? Comienzo al ser sumamente agradecida y hacer lo que puedo para transformarlo en una cadena de favores y así ayudar a otros en todo lo que pueda.

Mi esperanza es que podamos tomar todo este cuidado y esta compasión para llevarlo al mundo y, tal vez, juntos podamos ayudarnos a curarnos y brillar de formas esperadas e inesperadas, por qué no, a través de nuestras palabras, nuestra intención, nuestro amor, nuestra unión y nuestro cuidado. Tal vez todos juntos podamos aprender a poner el interruptor en la posición positiva, todo el tiempo. Y sólo tal vez, si continuamos llevándole al mundo este asombroso sentido de compasión y propósito, el legado que dejemos será que habrá generaciones que no tendrán que preocuparse por el cáncer de mama ya que será una cosa del pasado.   Con amor y luz,  Patricia San Pedro

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